Si al despertar en la mañana se vendara los ojos y realizara con normalidad sus actividades ¿cómo le iría? Debe ser muy difícil moverse sin saber dónde están las cosas o simplemente tomar un lápiz y escribir sin haber visto jamás una letra. En Chile, un 2% de la población (300 mil personas) es técnicamente ciega y Sergio Ordóñez (18) es uno de ellos.
Hace 1 año y medio ingresó a Fundación Luz, formada por Marcela paz, bajo el nombre de Sociedad Protectora de Ciegos Santa Lucía.
Un día, mientras observaba el paisaje en la Plaza de Armas, la autora de “Papelucho”, vio a una niña de su misma edad que era ciega. Pensar que la niña no podía ver lo mismo que ella, la afligió y motivó, en 1924, a crear un establecimiento gratuito que atendiera a personas con discapacidad visual y de escasos recursos.
La fundación se ha preocupado desde ese día de la rehabilitación de Sergio y otros niños mediante talleres, orientación psicológica, asistencia social y enseñanza de lectoescritura. Esto último, requiere un equipamiento tecnológico adecuado, ya que los antiguos métodos demoran y dificultan el aprendizaje.
Uno de estos equipamientos, corresponde a las máquinas de escribir en sistema Braile, cuyo uso permite a los alumnos disminuir un tercio el tiempo del proceso de aprendizaje. Beatriz Larraín, de Fundación Luz, dice que “la máquina es muy cara, pero fundamental. Es como el lápiz de un niño. Les abre un mundo”.
Por esta razón, Gerdau AZA donó, por segunda vez, el dinero para que la fundación pueda comprar una máquina que ya tiene dueño: Sergio Ordóñez, quien gracias a ella podrá escribir y registrar las recetas que ha aprendido en el taller de amasandería que imparte el establecimiento. Taller que lo tiene tan entusiasmado, que su próximo paso, será instalar un horno en su casa de Colina y formar una pequeña empresa.
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